Una diferencia significativa

Estaba regando mis plantas cuando noté una diferencia significativa en el crecimiento de ellas, sembré al mismo tiempo un epazote y un romero. El clima propicio es éste donde hay un buen grado de humedad en el ambiente, es más frío que caliente sin llegar a ser gélido, es decir, un clima templado ideal. Ambas plantas pueden desarrollarse muy bien en estas temperaturas. Así que tenía altas expectativas para ambas.

Curiosamente después de 2 meses el epazote creció de manera descomunal, mientras que el romero pareció cobijarse sobre la sombra de aquel. Me puse a reflexionar y dos cosas muy interesantes me vinieron a la mente. La primera es que a veces nos gusta estar al cobijo de las personas que brillan. Nos sentimos a gusto con su presencia y protección, aunque en el fondo sabemos que hay tanto que podemos hacer e incluso mejor.

Aunque en muchas ocasiones deseamos pasar por desapercibidos y nos sentimos mejor, manejar un bajo perfil, ser los segundos en todo. Y aquí viene la segunda reflexión, en realidad considero que eso es muy adecuado cuando nuestros deseos intrínsecos están satisfechos, es decir, cuando sabemos que estamos siendo el mejor actor de reparto para ayudar a nuestro amigo, jefe, superior o aquella persona que está llegando lejos porque es su momento de hacerlo y nosotros esperamos pacientemente hasta que llegue nuestro turno.

Claro que esto debe ser temporal ya que de lo contrario se nos convierte en un estado de confort los cuales son muy peligrosos. Estar bajo la sombra de alguien durante mucho tiempo es perjudicial porque al igual que las plantas requieren la luz para crecer los seres humanos también. Entonces, si comprendemos esto, ¿para qué ocultar nuestra luz?.

Siempre me he cuestionado fuertemente a esas personas maravillosas que deciden opacar su brillo por temor a causar incomodidad a su alrededor. Amigos cercanos e incluso yo mismo en un momento de mi vida decidí vivir al amparo de los más fuertes, inteligentes y audaces solo porque consideraba que yo jamás podría lograr eso. Lo importante es darse cuenta y decir, quiero, puedo, y por supuesto, ponerlo en práctica.

Cuántas esposas, asistentes, supervisores y una lista sin fin de personas que prefieren ocultarse para evitar “opacar” a su superior. Al hacer esto pienso que perjudicamos más de lo que ayudamos. En apariencia dejamos que nuestro superior brille siempre, pero le quitamos la experiencia de hacerse más fuerte y por consiguiente a nosotros también al dejarlo solo a él brillar y nosotros opacarnos.

Esto es como la competencia en los negocios, entre más competencia y más agresiva es ésta es cuando mejor te va en tu negocio porque es cuando aprendes a hacer mejor las cosas, te superas, tu equipo hace lo mismo y tu entorno cambia a mejor. Al principio es competencia, después como en los países desarrollados aprendes a compartir más que competir, a desarrollar alianzas y colaborar en vez de “dividir el pastel” ya que aprendes a crear nuevos pasteles y más grandes.

Este milagro cotidiano se recrea con las palabras de Marianne Williamson en su libro “El regreso al amor” nos dice: “Nuestro miedo más profundo no es creer que somos inadecuados, es saber que somos poderosos más allá de la mesura. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos asusta. Tu juego a ser insignificante no le sirve al mundo. Y cuando permitimos que nuestra propia luz brille, inconscientemente damos la oportunidad a otras personas para hacer lo mismo. Conforme nos vamos liberando de nuestros miedos, nuestra presencia libera a otros automáticamente”. Entonces, por favor, brilla con toda tus fuerzas.

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