058 A los demás nos vale un cacahuate tu pequeñez

“Es que yo soy así”, es una frase muy común que usamos cuando queremos justificarnos y convencer a los demás de nuestro pobre desempeño en ciertas cosas.

 

Me recuerda a mi mismo cuando una vez dije ante un grupo de personas, yo no soy un buen orador, es más, es innecesario ya que puedo enviar muy buenos mensajes emotivos. Así continué hablando frente a un grupo de personas a las cuales les enseñaba técnicas para expresarse correctamente en público.

 

Como luego dicen ¿Así o más incongruente? En aquel entonces estaba convencido de ello y además intentaba convencer a los demás de que eso era correcto.

 

Un amigo cercano, al concluir mi discurso me dijo, por favor, evita decir esas cosas. Muy molesto y a la defensiva le respondí ¿Por qué? Es lo correcto, yo no creo en técnicas ridículas de oratoria, lo único que se necesita es tener agallas y emocionalidad.

 

Mi amigo se sonrió y con toda la paciencia del mundo me dijo ¿Para qué te justificas? Eso me dolió más que el primer comentario y le dije, de ninguna manera me justifico es la verdad.

 

Con una sonrisa me respondió y tu enseñas en otros cursos que lo más importante es la preparación y el crecimiento personal… ¿Entonces para qué justificas tu pobre desempeño en esta área? Me sentí atrapado y no pude más que quedarme en silencio, tragarme mi soberbia y escuchar lo que siguió.

 

Él continuó, en muchas ocasiones deseamos que los demás acepten nuestras limitaciones como si en realidad fuera bueno aceptarlas ¿Qué tiene de grandioso que justifiques tu pobre desempeño? Te estás quejando sobre ti mismo.

 

Si crees que con eso logras la apreciación de otros, te digo que a los demás nos vale un cacahuate tu pequeñez, todos queremos y necesitamos verte grande.

 

Solo asentí con la cabeza y acepté el milagro cotidiano. Ya no pude rebatir el punto pero fueron demasiadas cosas para un solo momento.

 

Por una parte me sentía apenado por estarme justificando. Aunque deseaba seguir haciéndolo porque cuando tienes un hábito es difícil romperlo de tajo.

 

De igual forma me era imposible seguir haciéndolo ya que ahora estaba muy consciente de ello y no solo yo, sino alguien más también. Estaba entre la espada y la pared.

 

Aunque lo más fuerte fueron sus últimas palabras ¿A quién le importa alguien que por si solo se empequeñece? Dije para mí, es cierto.

 

Regularmente admiramos las historias de éxito de gente que logra sobreponerse a la adversidad, que se esfuerza y logra grandes cosas. Entonces, justificar mi pobre desempeño es mantenerme en donde estoy, sin desear mejorar y además aceptar mi limitación.

 

Comprendí que, si hay algo en mi vida que realizo de manera deficiente y eso es parte de mi cotidianidad, si lo justifico a diario diciendo que así son las cosas y de ninguna manera deseo mejorarlo, entonces, creo que es un pecado contra mi mismo.

 

Y yendo más allá, es también un pecado contra mi entorno porque estoy limitando mi grandeza y por consiguiente el crecimiento de los demás ya que mi desarrollo es colectivo, si yo crezco, también lo hace mi entorno.

 

Fue cuando comprendí sus últimas palabras “todos queremos y necesitamos verte grande”. Se me hizo un compromiso muy fuerte pero considero que es lo correcto ya que siendo una persona inteligente, fuerte y maravillosa de la creación, por supuesto que se espera lo mejor de mí.

 

Hay altas expectativas sobre mi persona porque son factibles. Solo es cuestión de que ponga manos a la obra y decida ser grande, lo demás ya está dado.

 

Aprendizajes del día:

  • Lo más importante es la preparación y el crecimiento personal
  • A los demás nos vale un cacahuate tu pequeñez, todos queremos y necesitamos verte grande
  • Cuando te encuentras entre la espada y la pared es cuando tomas fuertes decisiones
  • Justificar mi pobre desempeño es mantenerme en donde estoy
  • Mi desarrollo es colectivo, si yo crezco, también lo hace mi entorno
  • Es cuestión de que ponga manos a la obra y decida ser grande, lo demás ya está dado

 

 

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