059 El regalo regalado

¿Has recibido un regalo regalado? Yo sí y aprendí mucho. Hace algunos años, mis amigos me organizaron una fiesta de cumpleaños. Ese día grandioso recibí muchos regalos, me sentía muy dichoso el tener tantas demostraciones de afecto celebrando ese momento de mi vida.

 

Siempre he considerado que es maravilloso que por lo menos un día al año recibamos tantos abrazos como nosotros lo deseemos o solicitemos, cada muestra de cariño nos hace sentir felices.

 

Ese día en particular sucedió algo muy curioso, uno de mis amigos me regaló una pequeña maleta de viaje que contenía todo lo indispensable para salir fuera de la ciudad y sin que extrañaras lo básico que tienes en tu casa.

 

Era el accesorio perfecto que me hacía falta, cuando la vi inmediatamente la reconocí y dije para mi mismo, es idéntica a la que le compré, espera un momento…

 

Pensé que era un chiste porque mis amigos hacen ese tipo de cosas, es decir, bromear con situaciones inesperadas para las personas, entonces, solté una carcajada diciendo, sabías que era lo que necesitaba y todos los demás sonrieron genuinamente suponiendo que mi comentario era de gratitud.

 

Después de que nadie dijo nada y el amigo que me la regaló actuó tan normal como si en realidad fuera parte del plan, pensé, ¡ah! no tardan en decir, te la creíste, ¿verdad? Pero ese momento seguía sin llegar.

 

Voltee de nueva cuenta a ver al amigo que me la regaló e incluso me dijo, lo sabía por eso te la regalé, hice un movimiento de agradecimiento y continué con mi labor de seguir abriendo regalos, lo más natural del mundo.

 

Al voltear con mis otros amigos noté que uno de ellos si entendía lo que estaba pasando y se sonrió pícaramente y se mantuvo en silencio. Al rato olvidé el detalle y la fiesta siguió tan genial como inició.

 

A la siguiente semana me reuní con un grupo pequeño de amigos y estaba precisamente el de la sonrisa pícara y me dijo, oye Bernardo, esa bolsa que te regaló… fue la misma que tú le regalaste en su cumpleaños, ¿verdad?

 

Sin mucho asombro pero si sorprendido de que me lo preguntara tan repentinamente le dije, lo notaste entonces, ¿Cómo no lo iba a notar? Me respondió y continuó, si todo en ti aparentaba eso, bueno, creo que nadie se dio cuenta pero yo me acordé porque tu dijiste que habías regalado algo que te hubiera gustado que te regalaran.

 

Fue inevitable que los demás amigos del círculo también comentaran al respecto y todos, incluyéndome a mí concluimos que era algo de muy mal gusto, algo que socialmente era inaceptable, políticamente incorrecto.

 

Reciclar regalos era de lo peor fue la conclusión que se llevó a cabo en esa reunión. Pero como el sabio Krishnamurti lo indicó, la verdad cambia, nunca permanece intacta siempre se encuentra en movimiento. Así es que después de varios años pude entender el milagro cotidiano inmerso en esa lección.

 

Hoy considero que el gesto de mi amigo fue el mejor, ya que muchas personas acumulamos cosas y que permanecen sin uso, o como luego dicen, sin oficio ni beneficio, pudiendo ayudar a otras personas.

 

Ahora considero que es peor el mal gusto el quedarte con cosas almacenadas en tu clóset o cajones, cosas que jamás usarás y que otros pueden usar, por eso considero que es mejor regalarlas.

 

Creo que el gesto de mi amigo, queriendo o sin quererlo es el apropiado ¿De qué te sirve guardar cosas que con el tiempo se echarán a perder? Porque lo más probable es que jamás las uses, eso si se me hace algo imperdonable.

 

Conozco a muchas personas que sus casas están llenas de cosas que jamás usarán, cuartos completos de cosas que algún día usarán, ropa, utensilios, muebles.

 

A veces tener guardadas cosas nos da seguridad de que algún día las usaremos y consideramos que es bueno tenerlas a la mano, pero la realidad es que cuando guardamos tanto ni siquiera nos acordamos de lo que tenemos.

 

A mi me ha sucedido que cuando llega el tiempo de necesitarlas la compro de nuevo porque olvidé que las tenía, por eso considero que debemos liberar espacio en nuestras vidas para que llegue algo mejor.

 

Me gusta vivir con pocas cosas, entre menos necesite considero que es mejor para mí. Eso hace que me mueva con mayor facilidad y me gusta tener espacio para cuando llegue ese algo que verdaderamente desee, lo pueda poner en ese lugar disponible.

 

Creo que todo debe fluir, el agua que deja de moverse se estanca, se pudre, lo mismo sucede con las cosas que guardamos, y literalmente, la ropa, muebles y todo pasa de moda, se vuelven inservibles después de cierto tiempo.

 

Por eso te invito a pensar que es mejor regalar, que pase a otras manos, total, cuando tú lo necesites siempre lo podrás pedir prestado o tal vez ese espacio se ocupe con algo mucho mejor.

 

Aprendizajes de hoy:

  • Cada muestra de cariño te hace feliz.
  • La verdad cambia, siempre se encuentra en movimiento.
  • El agua que deja de moverse se estanca.
  • Regala no acumules.
  • Haz espacio en tu vida, te sentirás libre.
  • Entre menos necesito me siento mejor.

 

 

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