079 La importancia de uno mismo

Caminando por la calle me encontré a una amiga que tenía mucho tiempo sin verla, me dio mucho gusto e inmediatamente le pregunté que si cómo estaba.

 

Con tristeza me comentó que su padre había estado muy enfermo y ella era quien se estaba haciendo cargo de cuidarlo ya que en su familia por diversas circunstancias nadie podía. Pensaban enviarlo a una casa hogar y ella decidió tomar las riendas de la situación.

 

Me dio pena escuchar eso, le dije que le enviara un fuerte abrazo a su padre deseando su pronta recuperación.

 

Me agradeció mucho las palabras y comenzó a explicarme como llegó su padre a la situación actual en la que se encontraba, me comentó un poco acerca de la situación familiar y como ella “parecía” ser la única opción viable para hacerse cargo sin que el señor terminara en una casa de asistencia para ancianos.

 

Después de aproximadamente 20 minutos de explicarme acerca de la situación clínica, anímica y personal de su padre le pregunté para cambiar el tema, oye y ¿Cómo estás tú? Siguió hablando de su padre, de cómo en la mañana se sentía mejor pero por la tarde no tanto.

 

La interrumpí insistentemente, bien ¿Y tú cómo estás? Después de un momento de vacilación me platicó un poco acerca de su situación actual, pero a los pocos minutos regresó al tema de su padre…

 

Disculpa mi intromisión, le dije y continué, entiendo que la situación de tu padre es complicada y todo lo que me acabas de comentar, pero ¿Qué hay acerca de ti? Tú como persona, lo que tu deseas, tus sueños.

 

Siempre te he recordado como una chica llena de energía, inquieta, con planes y proyectos, precisamente de ellos te estoy preguntando. Disculpa mi insistencia y rudeza, aunque entiendo lo de tu padre, pero ¿Qué hay de tu persona? ¿Tú que deseas hacer?

 

Un poco molesta me responde, pues yo no tengo vida, la verdad es que en mi familia no se quisieron hacer cargo y yo tengo que hacer todo sola. Me da gusto ayudar a mi padre pero se me hace injusto…

 

La interrumpí y le dije ¿Y tú qué quieres hacer? Me responde bruscamente, lo que yo quiera hacer no es importante, mi padre me necesita y ahí estaré. Entonces es lo que quieres hacer por el momento, le respondí y como vi que estaba importunándola mejor decidí despedirme, deseándole lo mejor a ella y a su padre.

 

Si, me sentí triste, porque me vi reflejado en ese espejo de “hacer cosas porque son mi obligación”. A muchos nos pasa que nos vemos atrapados en ciertas situaciones porque pensamos que son “nuestra obligación”, “debemos hacerlas”, “nadie más puede encargarse”.

 

Me pregunto si en realidad es así o porque solo necesitamos ser aceptados por los demás, porque en dado caso de que no se haga tal como se requiere ¿Qué pensarán los demás? ¿Es verdadera convicción o un simple deseo de aceptación?

 

La respuesta fluye como milagro cotidiano, si lo hago por mera convicción ni duda cabe del porqué lo estoy haciendo, porque lo hago con gusto y hablo de ello con la naturalidad del mundo, aunque sea cansado lo disfruto y me hace feliz, ya que ese es mi deseo.

 

Cuando es por simple aceptación de los demás rompe en insatisfacción, frustración y todo lo demás, porque me siento injustamente tratado, quiero que los demás hagan “algo”, esos mismos que me exigen deben participar y no dejarme solo, etc.

 

Llega a ser tan grande la desesperación que mi vida se convierte y enfoca solo en ello. Un asunto sin resolver constantemente.

 

Recordé a otras personas que solo expresan maravillas de sus hijos, pareja, amigos, parientes pero de ellos hablan muy poco. Considero que nada tiene de malo el hablar bien de los demás o expresarse maravillosamente de los logros de otros.

 

Pero considero que cuando estamos desarrollando poco nuestro potencial o dejamos de creer que somos grandiosos es cuando los demás comienzan a ocupar un lugar preponderante en nuestras conversaciones y en nuestras vidas.

 

La persona más importante sobre la faz de la tierra soy yo. Todos tenemos tanto que decir pero a veces nos apena hablar de nosotros mismos.

 

Cuando dejamos de creer en nosotros, minimizamos nuestros logros, pensamos que son muy pequeños aunque si los compartiéramos con otros sabríamos cuan grandes son y cuanto bien pueden hacer a los demás.

 

Tienes mucho que dar, hay tanto de ti que los demás necesitamos, tus experiencias, tus anécdotas y en si tu vida. Enriquece tu vida que ella enriquecerá la de los demás.

 

Aprendizajes del día:

  • Pregunta clave: ¿Y tú qué quieres hacer?
  • Cuando haces alguna actividad por convicción siempre te dará satisfacción
  • La persona más importante sobre la faz de la tierra soy yo
  • Si tienes un logro que compartir, hazlo, tienes muchos medios para hacerlo
  • Tus logros son valiosos por el simple hecho de ser tuyos
  • Enriquece tu vida que ella enriquecerá la de los demás

 

 

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