122 Sin apasionamientos

Me tranquilicé antes de comenzar una serie de quejas contra un colaborador que parecía estar perdiendo el tiempo.  Ahora puedo hacerlo, es decir, tranquilizarme y analizar la situación correctamente antes de ponerme a gritar o quejarme con su supervisor inmediato.

 

Esto no siempre fue así, hubo un tiempo en que me era casi imposible controlarme.

 

Recuerdo esa ocasión cuando vi a aquel colaborador conversar con sus amistades a través de Facebook. En repetidas ocasiones tuve que decirle, por favor, deja de hacer eso. Siendo yo la más alta autoridad en la empresa, él debía obedecerme.

 

Yo tenía todo el poder para recriminarlo, pero a él parecía poco importarle ya que a las dos horas volvía a hacerlo. Estaba tan molesto que hablé con su supervisor y le dije, si sigues sin controlar a “tu gente” me veré en la penosa necesidad de prescindir de ese colaborador.

 

Mi parte racional me decía, estás en lo correcto, córrelo, te debe respeto, además le pagas para trabajar ¡Que se vaya a… su casa a perder el tiempo!

 

Mientras me consumía la ira y el deseo de control, leo una frase “El que, estando enfadado, impone un castigo, no corrige, sino que se venga” de Michel Eyquem de Montaigne.

 

Al principio dije, que castigo ni que nada, se lo merece… Mas tarde en casa, después de unas horas, ya más tranquilo, y como sé que nada es azar encuentro un documental de Eckhart Tolle que menciona algo muy interesante.

 

Él habla de que cuando uno está molesto, generalmente, es por una razón muy diferente a la que se piensa. Siempre hay algo más que evitamos enfrentar como nuestra verdadera molestia.

 

El enojarse repentinamente, por ejemplo, cuando voy caminando por algún lugar de mi casa y me tropiezo con algo, lo pateo y maldigo porque eso hizo que casi me cayera, o peor aún, me pongo a culpar a los demás del cochinero que dejan.

 

En realidad no estoy molesto con el objeto con el que tropecé ni con la gente, en este caso, estoy molesto por el desorden, porque considero que las personas deben ser ordenadas, incluyéndome a mí.

 

Me gustaría que todo estuviera limpio y agradablemente acomodado, sin embargo, mi enojo lo desvío al objeto o a las personas, debido a que lo que verdaderamente desearía cambiar, no lo estoy haciendo porque no le he dado la importancia correcta, finalmente soy el responsable por ello pero no quiero aceptarlo.

 

Creo que es preferible que otro cargue con ello, y pienso, alguien más debería hacerse responsable ¿Por qué yo? Y si eso lo hacemos de manera repetida en nuestras vidas, tenemos la mezcla perfecta del enojo constante y por consiguiente del desastre.

 

Al reflexionar me doy cuenta del milagro cotidiano. Cuando estoy molesto, en ese preciso momento, me siento inseguro, temeroso, pienso que si ese objeto está ahí tirado ¿Cuántos más habrá? ¿Cuántas cosas estarán sin realizarse?…

 

Me invade un deseo de control que me supera. Considero que esa persona que está en el Facebook “todo” el día no podrá entregar a tiempo el trabajo, entonces, tendré problemas con el cliente.

 

Mi decisión, muy de jefe es, tengo que obligar a esa persona a realizar lo que debe hacer, para eso la contraté, etc.

 

Sin embargo, si me tranquilizo, analizo las cosas desde una perspectiva diferente, entiendo que el problema no es que la persona esté en el Facebook “perdiendo el tiempo” sino que el trabajo debe entregarse a cierta hora.

 

Entendiendo esto, puedo dialogar con esa persona, indagar sus motivos, entender para qué está haciendo eso, si la persona decide hacer caso omiso, le puedo indicar que puede afectarle en su desempeño y por consiguiente en su empleo.

 

Si la persona sigue sin importarle, ella sola te está indicando que no es la correcta para realizar ese trabajo. Se le puede levantar un acta administrativa y después de cierto número de ellas, la persona, o bien, cambia su actitud o puede ser despedida sin perjuicio para la empresa.

 

Hay muchas formas de resolver los conflictos sin apasionamientos, eso lo he aprendido a través del tiempo, lo que importa no es la situación actual sino los motivos que llevan a ella y por supuesto, la solución a tal situación.

 

Los colaboradores se sienten más seguros en una empresa que les ofrece una línea o forma de trabajo específica, aunque ésta sea estricta, que a una línea de trabajo en la ambigüedad “muy buena onda”.

 

Los colaboradores, en mi experiencia, logran mucho más, se comprometen con su empresa y su trabajo cuando las reglas son claras, cuando se les indican las consecuencias de hacer y no hacer las cosas.

 

Los colaboradores prefieren un reglamento bien definido que una política amable. Si no me crees ¿Quién fue tu mejor maestro o jefe? ¿El estricto que te enseñó mucho o el que era super buena onda pero que nada recuerdas de sus  enseñanzas? ¿El que te dejaba ser o el que te guiaba?

 

Por supuesto que tengo un largo camino que aprender al respecto, sin embargo, el milagro cotidiano en forma de balde de agua fría hizo su labor.

 

Me sentí avergonzado y a pesar de que aún sentía la frustración de que se perdiera el tiempo, entendí que ninguna decisión debe tomarse cuando las emociones intervienen. Me tranquilicé, hablé pacíficamente con el colaborador y el supervisor.

 

El colaborador hizo caso omiso, cuando podía volvía a “las andadas”. Simplemente me concreté en solicitar resultados a su superior, dejé que las cosas cayeran por su propio peso y curiosamente, sin apasionamientos, estrés, ni dramas, el colaborador decidió renunciar.

 

Ahí es donde considero que muchas veces, complicamos las cosas sin necesidad por demostrar que somos poderosos, que tenemos la razón o que deben hacerse las cosas como creemos o queremos. Si vas a tomar una decisión, asegúrate de que sea con la cabeza fría.

 

Aprendizajes del día:
  • El que, estando enfadado, impone un castigo, no corrige, sino que se venga
  • ¿Algo te enoja demasiado? ¿Cuál es la verdadera razón detrás de ese enojo?
  • Para que las cosas cambien, tú debes comenzar el cambio
  • Resuelve sin apasionamientos, lo que importa es la solución
  • Reglas claras, amistades largas
  • Si vas a tomar una decisión, asegúrate de que sea con la cabeza fría

 

 

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