124 Me siento perdido

Cuántas veces al perder algo nos sentimos perdidos solo para entender que después de cierto tiempo te acostumbras a estar sin ello y después si es necesario lo vuelves a obtener, entonces, esa sensación de pérdida deja de estar y te vuelves a sentir como antes o mejor, porque la nueva cosa o situación te brinda una certeza distinta.

Por un arrebato, un buen día dije, “me siento perdido, nada quiero saber de esta empresa”. Por lo tanto, decidí cancelar el plan que tenía con cierta compañía de telefonía móvil. La verdad me enojé bastante porque después de haber estado muchos años como su cliente, cuando iba a renovar mi contrato me dijeron, Señor, usted tiene que pagar tantos miles si desea el teléfono que eligió. Le comenté pero es que siempre me lo dan gratis. Pues las cosas han cambiado, me respondieron firmemente.

Por más que intenté hacerle ver que era un cliente de muchos años y que se me hacía imposible que me trataran de esa forma, le trataba decir que cómo era posible que si llegaba un cliente nuevo a él si le ofrecían el aparato sin costo y a mi por tener un contrato de muchos años, tener mi facturación siempre al corriente y sin retraso, haber sido fiel todo ese tiempo, etc. Me hicieran eso. Entonces, le dije, tiene razón ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Sabe qué? Por favor, deje de explicarme, quiero cancelar el contrato en este mismo momento.

El vendedor pareció un poco desconcertado con mi respuesta, como si le costara entender mi decisión. Como si lo que le hubiera dicho hubiera sido poco para decidir cancelar mi contrato. Me intentó convencer con otros dispositivos y le dije con la misma firmeza que me dijo que ahora todo era diferente. Por favor, evíteme la pena de insistirle y cancele mi contrato en este mismo momento. He cumplido con el plazo, nada les debo, nada me deben. Gracias.

Después de haber pasado el coraje y por supuesto, haber cancelado el contrato dije, ¡oh no!, me voy a sentir perdido en la transición, sin llamadas, sin mensajes, sin internet movil, sin todo eso a lo que estaba muy acostumbrado. Ya era muy tarde para volver, me empecé a sentir con ganas de regresar, abrir un nuevo contrato y volver a estar como antes, pero como luego dicen, aunque el hambre te tumbe, la soberbia te levanta. Regularmente, estoy en desacuerdo con esto, pero en este caso, creo que fue lo correcto. Seguí adelante con el plan.

Pasó la primer semana teniendo un servicio intermitente, de pronto tenía internet y servicio de llamadas, luego nada, creo que a la segunda semana ya me había acostumbrado a tener poco o nada. Después de cierto tiempo parecía como si en mi vida jamás hubiera tenido un servicio completo de telefonía.

Después lo comprendí, un milagro cotidiano, a veces pensamos que necesitamos ciertas cosas o creemos estar tan acostumbrados a cierto estilo de vida que si todo cambia, creemos que nos sentiremos perdidos al prescindir de esos satisfactores. Una vez que comprendes que estás lejos de perderte al vivir sin ellos, es cuando te queda claro que te perdiste en el preciso momento en el que firmaste el contrato de dependencia.

Lo más probable es que evaluando los beneficios vuelva a contratar un plan con otra empresa. Solo que ahora soy consciente y me agrada sentir esta libertad, ser y hacer como yo decida. Me gusta el estar sin algo y aun así su ausencia me parece irrelevante. El milagro cotidiano de hoy es la conciencia de la libertad de elección, ejércela. Me gusta mi país y lo que vivo todos los días, agradezco esta bendición, mil gracias.

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