293 Leyes de la ayuda – Ley 03: Me aseguro

Esta es la tercera y última ley que debes tener en cuenta cuando has tomado la sabia decisión de ayudar a alguien. Será muy bueno, pero asegúrate verdaderamente de que la ayuda sea otorgada.

 

Ley de la ayuda 03: Me Aseguro – Que mis actos causan bienestar.

 

Una vez cumplidas las dos leyes anteriores, es decir, que la persona solicite la ayuda, y que tengas los recursos para hacerlo, son ya dos cosas muy positivas en el camino.

 

Y para concluir el proceso tenemos que asegurarnos de que en realidad lo que estamos haciendo verdaderamente ayudará y para esto se requiere un fuerte compromiso, férrea voluntad y convicción.

 

Hace algunos años tomé un vuelo a Las Vegas y programé mi regreso una semana después a la ciudad de San Diego, California.

 

Un amigo quedó de llevarme a Mexicali, él estaba realizando un viaje de negocios en esa ciudad y pensaba regresar para la Noche Buena, el día 24 de diciembre.

 

Yo estaría en San Diego el día 23 por la tarde, me pareció lo mas conveniente del mundo, solo tendría que alquilar un cuarto de hotel para hospedarme por la noche y en la mañana estaría de regreso.

 

Como todo estaba fríamente calculado dejé mi teléfono en mi casa en Mexicali ¿Para qué serviría un teléfono sin servicio en Estados Unidos? Además mi amigo quedó muy formalmente de pasar por mí al aeropuerto de San Diego a las 8 de la noche.

 

Como te había indicado, todo era perfecto, además tendría la oportunidad de dar una vuelta por San Diego en la víspera de Navidad, lo cual me parecía más grandioso aún.

 

Ese día 23 de diciembre al estar esperando mi avión algo pasó, se comentaba que el mal clima era el causante y me indicaron que el vuelo venía retrasado una hora, me dije para mí, nada fuera de lo normal porque estamos en invierno.

 

Sin embargo, el avión se retrasó más de dos horas, mis amigos en Las Vegas me dijeron que si todo estaría bien ya que era muy tarde, les dije que el plan era perfecto y estarían esperando por mí sin duda.

 

Cuando por fin mi vuelo aterriza en San Diego a las 12 de la media noche busco por todos lados y de mi amigo ni sus luces, dije, está bien, en cuanto me entreguen mi maleta revisaré de nuevo, de seguro estará afuera o en algún lugar esperándome, por más que busqué en ningún lugar estaba.

 

Pasaron unos cuantos minutos y el lugar se vaciaba, me dijeron que cerrarían el aeropuerto y tendría que decidir permanecer o irme, me empecé a sentir muy nervioso ¿Qué hacer? Tomé mi libreta de direcciones y le llamé a unos amigos que tenía en la ciudad y ninguno respondió.

 

Tenía que tomar una decisión inmediata, solo hay $100 dólares en mi cartera, dije eso tratando de calmarme, será suficiente porque el taxi me cobrará a lo mucho $40 USD para llevarme a la garita, tomaré otro taxi a la central de autobuses y listo, creo que si me alcanza.

 

El taxi en el aeropuerto me cobraba $60 USD, lo cual me ponía más nervioso y preguntándome ¿Y si me falta para el taxi o el autobús? Mis opciones eran muy pocas, así que dije, pues que sea lo que tenga que ser, vámonos.

 

Cuando llegué a la garita casi a la 1 a.m. sentía además del frío, la dureza del ambiente, me habían dicho que era peligroso, lo sentí, caminé rápido y encontré un taxi, le indiqué que me llevara a la central de autobuses y así lo hizo.

 

En la central me sentía un poco más seguro, me quedaban $300 M.N., compré el boleto más económico y que salía en pocos minutos, sentí que después de todo algún milagro cotidiano podría pasarme y así fue.

 

El boleto me costó $250 M.N. y salía de inmediato. Ya en el autobús me sentí más tranquilo, dormí un poco pero tenía un sueño agitado, me despertaba cualquier ruido.

 

A las 6:00 a.m. del día 24 de Diciembre llegué a mi querida ciudad de Mexicali, B.C. Me sentí dichoso porque además me alcanzó para el taxi de regreso a mi casa, me sobraron $10 M.N. y sonreí al estar de regreso, sano y salvo.

 

Al llegar enciendo el celular y a los pocos minutos suena, era mi amigo que estaba en San Diego. Al responder le digo con muy poca emoción, lo siento pero ya estoy en Mexicali, fue una travesía de locos pero ya estoy de regreso.

 

Molesto me dice, te estuve esperando y me dijeron que ningún vuelo llegaría, así que me fui a dormir para en la mañana temprano esperarte. Le dije de nuevo que lo sentía pero tendría que colgar porque estaba muy cansado.

 

Creo que fue lo mejor que hice, estaba agotado, triste, enojado, frustrado y aliviado a la vez por estar en mi casa.

 

Todo el día tuve esa sensación de frustración, recordaba las palabras de mi amigo justificando que me había estado esperando.

 

En mi cabeza solo existía la negación y el cuestionamiento ¿De qué me sirve que haya esperado lo que haya esperado si finalmente no estaba ahí? ¿De qué me sirve si tuve que regresarme a la 1 de la mañana con los peligros que eso conllevaba? ¿De qué me sirve…?

 

Es donde entendí esta tercera ley de la ayuda, como un fuerte y doloroso milagro cotidiano que llega para indicarme que esfuerzos sin resultado es igual a nada.

 

Si mi amigo se hubiera quedado en Mexicali o haber ido al aeropuerto y no recogerme, era exactamente lo mismo.

 

Cumplió las dos primeras reglas a la perfección pero sin asegurarse de prestar la ayuda, entonces, el resultado era deficiente y muy frustrante para todas las partes, él tuvo que regresarse solo, frustrado y de malas porque de nada sirvió su esfuerzo.

 

Más que nunca entiendo que el ayudar, sin pensar que es algo complicado, debe de analizarse y tenerse un compromiso fuerte, de lo contrario todo lo que se haga puede redundar en nada, causar frustración y daño a los involucrados.

 

Eso sin contar de otras situaciones indeseables que se pueden desatar solo porque omitimos ciertos pasos, es donde también me queda claro que la intención es buena y es el punto de partida pero debe estar muy bien sustentada.

 

Si solo tienes buenas intenciones mejor evita involucrarte, por tu bien y el de los demás. Si has decidido ayudar, hazlo con la plena convicción de que harás todo lo posible y lo imposible para que se dé eso que tanto deseas tú y la o las personas a quienes deseas ayudar.

 

 

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