301 Como la cebolla

Cada cosa en esta vida tiene algo que enseñarte incluso objetos inanimados lo hacen, por ejemplo, estaba comiendo en un restaurante un delicioso platillo mezcla de vegetales cocidos y frescos.

 

Uno de los ingredientes que era muy fuerte y su sabor predominaba sobre los demás era la cebolla, se me hizo muy interesante analizar los contrastes de este maravilloso alimento que cambia sus propiedades de acuerdo a las circunstancias.

 

Mientras comes la cebolla cuando está cruda es fuerte y tiene mucha firmeza, además cuando la estás cortando en rebanadas tiene el poder de hacerte llorar debido al gas de azufre natural que despide al ser cortada y que al mezclarse con el agua que está en tus ojos produce pequeñas cantidades de ácido sulfúrico que por supuesto lloras por que lloras.

 

Pero evita preocuparte ya que estas lágrimas son para diluir el ácido sulfúrico y que estés bien de nuevo.

 

Aunque el punto principal es que este pequeño alimento en un estado natural tiene esas propiedades y otras muy interesantes.

 

Lo que se me hace muy intrigante es cómo este alimento puede tener en su forma natural tanta fuerza que cuando comes una o dos rodajas mezcladas con los demás ingredientes sientes el sabor sobre cualquier otro.

 

Es tan potente que su efecto dura por horas en tu boca y sé que lo sabes, aunque hayas lavado tus dientes sigues manteniendo su esencia, siempre y cuando sea en su estado natural.

 

¿Pero qué pasa cuando le aplicas fuego? Sus propiedades inmediatamente cambian, la magnífica cebolla capaz de hacerte llorar y recordarla por horas, pasa a un estado tan tierno y se vuelve dulce.

 

Es increíble que cambie tanto, lo que pasa es que la cebolla contiene azúcares que al ser expuestos al calor hacen que se liberen, atenuando los otros ingredientes y dejando solo lo dulce de ella.

 

¿Seremos acaso como la cebolla? ¿Será que cuando nos vemos expuestos a pruebas tan duras nos volvamos dóciles?

 

En algunas situaciones cotidianas así es, recuerdo que me he llegado a presentar con mis colaboradores y me siento “muy salsa” como todo un “jefazo” llego y exijo respuestas a mis colaboradores, del porqué está tal o cual retraso, o diciendo que tal situación debe cambiar de lo contrario será fatal para todos.

 

En fin, empiezo con la espada desenvainada solo para cambiar radicalmente cuando me dicen ¿Revisaste el correo? ¿Viste eso? O después de una breve explicación que sin ser más que algo simple pero que como fuego me hace caer en razón.

 

Luego, con la cola entre las patas digo, está bien, lo siento, en ese momento me he vuelto suave y humilde, tal como lo hace la cebolla.

 

También me ha tocado eso con clientes que están muy alterados, me llaman y me dicen que cómo es posible que pueda prestar un servicio tan deficiente, que somos el peor proveedor que hayan tenido.

 

En ese momento me arranco a toda prisa a su empresa para comprobar que, o bien, han perdido la contraseña de su correo o que el punto era algo mucho más sencillo y estaban cometiendo un error simple.

 

A veces es fácil que perdamos el control y sintamos que todos tienen la culpa excepto nosotros, por lo tanto es necesario un poco de energía para romper la barrera creada y al poner un poco de calor, solo un poco, es suficiente para arreglar las cosas.

 

Ten cuidado, nunca dejes que las cosas tengan demasiado calor porque el fuego en exceso “arrebata” el sabor a las cosas, la misma cebolla deja de ser dulce para convertirse en amarga y oscura.

 

A los seres humanos nos pasa igual, cuando discutimos demasiado para dar a entender a la otra persona que nuestro punto de vista es el correcto, dejamos que nuestras emociones ganen y creamos ambientes de acritud y amargura.

 

Evita dejarte llevar por lo que consideras que es correcto, es mejor detenerse un poco, analizar la situación, en algunos casos alejarse y retomarlo más adelante, será lo mejor para ambas partes.

 

Ten presente que es importante ser firmes y fuertes como la cebolla, mantenernos con toda nuestra fuerza, pero también saber reconocer que en algunas o muchas ocasiones podemos cometer errores.

 

Entonces, al sentir el fuego tengamos esa capacidad de ofrecer disculpas y cambiar nuestro aspecto duro y difícil por uno dulce y amable, que si lo miras de otro modo ¿Qué otra te queda, verdad?

 

Pero si lo haces de buena gana, habrás aprendido a moderar tu carácter, a controlar tus emociones en tu favor y a ser alguien que acepta que tiene errores como cualquier otra persona. Si puedes aceptar tus errores esperando comprensión de los demás, entonces, otros harán lo mismo contigo.

 

 

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