320 Cambia el rumbo

Mientras caminaba por el parque muy feliz por la mañana se presentó una situación cuando andaba tranquilamente por la pista de arena. Dos personas caminaban en sentido opuesto a mí con un gran pastor alemán sin correa.

 

Siempre me han dado miedo los perros (ajenos) así que me tuve que ir al otro extremo de la pista para evitar enfrentrarme con ese gran perro.

 

Mientras trataba de esquivar al enorme animal, claro, mientras no es tu perro y lo miras tan libre, te parece un gigante. Así me pareció pero ante los dueños era un pequeño cachorro inofensivo ya que ellos lo controlaban con su simple voluntad y éste, imponente se paseaba libre y feliz por todo el lugar.

 

Aunque el perro obedeciera ni quien te quite el susto, lo bueno es que hacía caso y después de un momento todo estuvo bien, pero al rato volvió a pasar lo mismo.

 

Era muy molesto, me puse a pensar del porqué las personas podían ser tan desconsideradas, hacer es tipo de cosas y más cuando los letreros en el parque eran muy claros de “No mascotas”.

 

¿Acaso no sabrían leer? Seguía quejándome cuando me di cuenta que por más de que me quejara o les dijera que leyeran bien los letreros, fueran gente responsable y educada, en fin, en esos momentos de frustración es cuando el milagro cotidiano se presenta y me dice ¿Qué tal si giras y vas en su mismo sentido?

 

Una parte de mi intentaba seguir enojado y enseñarle a las maleducadas personas que se comportaran, el mal del maestro se adueñaba de mí y me indicaba que debía reprenderlos, decirles “sus verdades”, pero la otra parte de mí decía ¿En realidad quieres hacer eso? ¿Para qué?

 

La última pregunta me detuvo en seco y comprendí lo maravilloso de la experiencia ¿Para qué enseñarle a leer a alguien que ya sabe? ¿Para qué dar lecciones de modales a alguien que poco le interesan?

 

Comprendí que eso y hablarle a la pared eran exactamente las mismas cosas ¿Qué caso tendría? Buscar influenciar lo que está lejos de mi círculo de influencia y de la peor manera porque de seguro lo que lograría sería solo una grosería de su parte y ningún cambio trascendental.

 

Pero si me enfocaba en lo que en ese momento si pudiera cambiar, algo en lo que si valdría el esfuerzo de cambio y obtener un resultado satisfactorio, consideré que sería lo mejor y decidí hacerlo así.

 

Yo era el indicado, nadie mejor que yo para lograr un cambio, es bien sabido que el buen juez por su casa empieza, entonces, todo estaba dicho era el momento de un cambio.

 

Me di la vuelta, las personas a lo mucho se quedaron 5 minutos más y se fueron, me sentí a gusto conmigo mismo, evité dar lecciones a quien poco le interesaban y me concentré en mi mejora, además de ahí surgió este milagro cotidiano ¡Qué mejor aprendizaje!

 

Me sentí bendecido porque pude controlar mis emociones y lograr un pequeño cambio en mi persona, a partir de ahí, solo cambio de dirección y todo se soluciona, así es como deben ser las cosas, prácticas.

 

Cuánta razón tenía Elisabeth Kúbler Ross, la vida debe ser hermosa y sencilla, si por alguna razón está siendo diferente, solo detente y cambia el rumbo, a veces el, cambio es tan sencillo como cambiar de ruta, regresarte o moverte un poco, después todo fluye de maravilla.

 

Te das cuenta que algo estaba bloqueando tu creatividad, tu bondad y magnificencia, la vida te sonríe, dejas de quejarte y estás dispuesto a mejores posibilidades.

 

Aprendizajes de hoy:

  • Si el camino por el que vas no es el correcto, cambia el rumbo.
  • Nada puedes enseñarle a quien no quiere aprender.
  • El buen juez por su casa empieza.
  • Las personas no cambian porque tú se los digas, cambian porque ellos desean cambiar.
  • Busca tú ser mejor, los demás tendrán su tiempo para serlo.
  • La vida debe ser hermosa y sencilla.

 

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