348 Ataque a un titán – Parte 03

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Una vez que el maestro hubo comprobado que él estaba en lo correcto, me dice, creo que ustedes son los únicos que están en desacuerdo con mi forma personal de enseñanza ¿Qué dicen al respecto?

 

Mi amigo León inmediatamente toma la palabra y dice, creemos que nosotros podemos aprender más por nuestra propia cuenta, si nos vamos a estudiar a la biblioteca y presentamos un examen al final con la presencia del coordinador de la materia o un directivo, será lo mejor para todos.

 

El maestro verdaderamente estaba molesto, intenta controlarse y me pregunta desafiante si ese era mi pensamiento también como si esperase una respuesta diferente, sin embargo, respondo, estoy de acuerdo con mi compañero y consideramos que podemos aprender más de esa forma.

 

El maestro enfurecido y levantando la voz dice, entonces, nos vemos el día del examen ordinario (semestral), ¡Largo de mi clase no quiero volver a verlos en este salón! Esas fueron sus últimas palabras y concluyó la sesión de ese día.

 

Creo que eso pasó un día jueves, todo el día estuvimos pensando mucho al respecto, viendo los pros y los contras.

 

Decidimos que era conveniente hablarlo con nuestro tutor en la universidad y éste nos escuchó atentamente. Después, amablemente nos dijo, vayan y hablen a la dirección, no pueden confiar en el maestro y menos porque está enfurecido con ustedes. Así lo hicimos solo que el resultado fue muy distinto a lo esperado.

 

El subdirector académico nos permitió contarle nuestra historia y con la candidez que caracteriza a unos estudiantes muy jóvenes, además le solicitamos que estuviera en nuestro examen semestral.

 

Respondió categóricamente ¿Quién les dijo que ustedes pueden tomar este tipo de decisiones? Esto no es una universidad abierta, lean bien el reglamento y regresen inmediatamente a su salón de clases.

 

Por más que le explicamos que el maestro nos había corrido, literalmente del salón, siguió firme y dijo, pues vayan y hablen con él porque él tampoco tiene la facultad de expulsar a los alumnos de su clase de manera permanente.

 

Mi amigo y yo nos quedamos muy confundidos y sin saber qué hacer, ahora estábamos en medio de la nada, nuestra acción había desatado la ira del maestro, nuestra ignorancia del reglamento nos había hecho tomar una decisión emocional y ahora teníamos que enfrentar las consecuencias.

 

Por más vueltas que le dábamos nos resultaba muy complicado todo, así que primeramente decidimos ir con el maestro, sabíamos donde trabajaba y montamos una guardia.

 

Mi amigo León y yo estábamos muy enojados y frustrados por tener que buscarlo para pedirle que nos permitiera regresar ya que de la dirección de la facultad nos exigían primeramente resolverlo con él y luego regresar al salón de clases.

 

Pero tampoco queríamos ceder, para nosotros era nuestra convicción y la defenderíamos, así que estábamos preparados para todo.

 

Cuando el maestro hace su aparición, éste nos saluda con amabilidad y cortesía, nos dice, jóvenes que sorpresa ¿Qué los trae por acá? Mi amigo y yo, nos quedamos pasmados, esperábamos la furia del titán que nos amenazaba en cada clase, la arrogancia acostumbrada y cosas similares, pero ésta, era otra persona…

 

Le indico al maestro la situación y dice, lo sé, ya hablaron conmigo, teníamos un acuerdo y ustedes lo quebrantaron yendo a la dirección, no era necesario pero esta bien, nos vemos el lunes en clase. Dijimos solamente, está bien, gracias y nos fuimos.

 

¿Qué pasó? Fue lo primero que nos preguntamos, nos resultaba extremadamente difícil comprender lo que había pasado, pero analizándolo a detalle lo comprendimos, la personalidad que él adoptaba en clase era eso, solo un personaje, pero fuera del aula era otra persona.

 

Nuestras conjeturas fueron varias desde ¿Será que tiene baja autoestima y por eso es arrogante? ¿Creerá que necesita imponerse ante los alumnos sino se le saldrán de control? ¿Qué le habrán hecho en su vida? ¿Le teme a los estudiantes? No lo sé exactamente… fue nuestra conclusión.

 

Y se llegó el día de la clase, nuestros compañeros nos miraban con cara de ¿Qué pasa? ¿Se arrepintieron? Ni mi amigo ni yo queríamos “dar nuestro brazo a torcer”, ellos tenían su propia ideología y nosotros la nuestra, no les incumbía saberlo.

 

Cuando el maestro llega, adopta su posición habitual o mejor dicho, su personaje de siempre y después de hacer su actuación regular de prepotencia, burla e intimidación, concluye la clase y exhorta al diálogo.

 

Bernardo, sus compañeros me preguntan el porqué están aquí, supongo que no les han dicho ¿Puedes explicarles?

 

Aprendizajes del día:

  • No confíes en las palabras de una persona enfurecida
  • La ignorancia puede hacerte tomar decisiones emocionales muy lamentables
  • Si tú convicción es fuerte defiéndela, si te equivocas ofrece disculpas
  • Cada uno adopta el mejor rol que se adapte a las circunstancias
  • Todos actuamos diferentes roles de acuerdo a la conveniencia de la situación
  • Puedes imaginar muchas cosas sobre alguien, probablemente nada será cierto
  • Todo tiene que enfrentarse, tarde o temprano

 

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